En Canada a finales del 2006 surgió una campaña estatal que tenía como eje un superhéroe de tiras cómicas “el Capitán Copyright” que dedicaba su vida a enseñarle a los niños las virtudes del derecho de autor y que aparecería volando en la escena en la que alguien publicara una investigación sin el crédito apropiado, la página dedicada a este superhéroe contenía recursos para ser integrados al aula de niños en edad escolar.

El Capitán Copyright mediante ejercicios enseñaba a niños pequeños sobre los límites del derecho de autor. Los ejercicios en general reforzaban en los niños pequeños los límites que el derecho de autor impone a la conducta de los internautas sin, por otra parte, ofrecerle la posibilidad de conocer los otros aspectos del derecho de autor como las excepciones a favor de todos en la sociedad, el dominio público, la posibilidad de compartir y no solo controlar, etc.

El profesor Geist decía entonces: “Nuestros niños necesitan desarrollar amor por aprender, pasión por la creatividad y por apreciar el arte y la ciencia. Los ejercicios que se ofrecen no proveen nada de eso. En su lugar rebaja el derecho de autor canadiense a unos niveles no vistos antes. Son tan vergonzosos que no deberían ser incluidos en ningún salón de clases del país”. La campaña terminó pocos meses después en 2007.

El Departamento Nacional de Planeación (DNP) colombiano presentará para aprobación del CONPES un documento sobre propiedad intelectual que gira en torno a esa idea del Capitán Copyright de protección y observancia del derecho de autor, pone todo el énfasis de las posibilidades de competencia y desarrollo colombiano de ese lado de la balanza sin mirar, como le pasó al Capitán, todos los otros pesos que influyen para mantener un sistema de creatividad y desarrollo equilibrado.

Una lectura integral al documento sugiere que el Estado colombiano oriente sus esfuerzos y recursos en una aproximación “Capitán Copyright” criolla con recomendaciones que tienen un importante componente de educación para niños, universitarios y funcionarios públicos y una estructura estatal policiva.

El documento ignora el gran cambio que se aprecia en las últimas décadas en materia de propiedad intelectual, que no es el aumento de las herramientas legales de control del autor sobre su obra, sino más bien la aparición y masificación de alternativas legales que empoderan al autor para que sea éste quien decida la forma como gestiona sus privilegios. Hoy el autor puede aprovechar los nuevos entornos e incluso actuar simplemente motivado por la idea de utilizar la tecnología para favorecer a otros el acceso a la información y al conocimiento. Es decir, ¿se justifica hoy que sigamos pensando que solamente el profesor universitario que produce conocimiento impreso y protege esa producción debe ser sujeto de incentivos?, ¿no es precisamente el momento de empezar también a valorar y visibilizar la producción digital de ese profesor que responde a otros formatos y esquemas igualmente valiosos y legales?

El documento no es público aún, solo fueron invitadas algunas personas a discutirlo hace un par de semanas pero se ha iniciado una campaña civil para visibilizar los vacios de este documento y solicitar al Conpes que incluya a las instancias gubernamentales relacionadas con educación y cultura para que hagan visibles sus necesidades y sus entornos jurídicos en la materia, pedirle que involucre a los sectores de la sociedad interesados en este tema o que si eso ya no es posible, que se haga otro documento CONPES que aborde esta situación, ¡te necesitamos!, ¡firma!

Carta Abierta al Conpes publicada en equinoXio
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