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Cámaras inDiscretas – FAQ

Preguntas frecuentes sobre el fallido sistema de videovigilancia inteligente para Transmilenio

Bogotá se salvó de un sistema de videovigilancia salido de una distopía orwelliana, tipo 1984, donde todas las personas que pasaran por ciertas estaciones y portales de Transmilenio serían tratadas como eventuales sospechosas. Millones de rostros serían capturados, procesados y comparados, sin que las personas lo supieran o lo notaran, y su información biométrica —datos altamente sensibles y que necesitan protección especial— serían una y otra vez contrastados en una búsqueda incesante de criminales.

Este proyecto se vuelve un inútil derroche del erario público, ya que no vio la luz por un detalle esencial, creyeron que crear la base de datos con la información biométrica para hacer los contrastes, era como soplar y hacer botellas.

El Fondo de Vigilancia y Seguridad, que fue la entidad que formuló el proyecto, se dio cuenta muy tarde que no tiene sentido derrochar miles de millones de pesos en un sistema que servía para buscar personas cuando ni siquiera sabían a quiénes iba a buscar.

¿En qué consistía el proyecto?

Para garantizar la seguridad de las personas en el sistema de transporte masivo de Bogotá, se instalaron 24 cámaras capaces de realizar reconocimiento facial en cinco portales y estaciones de Transmilenio. El sistema se complementaba con otras 140 cámaras que permitirían hacer seguimiento de posibles sospechosos, 10 teléfonos celulares a los que llegarían las alarmas cuando se realizara una identificación y un centro de gestión central donde una persona estaría pendiente del sistema, de ver la pantalla y manejar las alertas.

Este tipo de sistemas pueden sonar muy bien, capturan la imaginación con fantasías tecnológicas que todo lo pueden y refuerzan una idea problemática de que para tener más seguridad hay que renunciar a nuestra privacidad.


¿Y qué tecnología usaba? ¿Por qué era “inteligente”?

El sistema de videovigilancia utilizaba tecnología biométrica de reconocimiento facial. Es decir, podía medir los rasgos de la cara de las personas y generar una “huella digital” de cada rostro. Esta huella se contrasta con los patrones de criminales o sospechosos que están almacenados en una base de datos.

Inteligente, lo que se dice inteligente… uhmm… digamos que es “inteligente” porque suena impactante y así justifica malgastar unos cuantos millones.

¿Por qué dicen fallido?

Es un sistema fallido por dos razones, la primera y más obvia, es que el sistema nunca funcionó. Como no se tenían los patrones biométricos que se querían buscar, y generarlos no es una tarea que pudiera realizar Transmilenio ni el Fondo de Vigilancia y Seguridad, el sistema no pudo entrar en funcionamiento.

La segunda razón es que es un caso ejemplar de cómo no hacer diseños e implementaciones de proyectos que en la forma como involucran tecnología pueden afectar gravemente los derechos humanos de millones de personas.

Si la intención era mejorar la seguridad, ¿por qué hablan de vigilancia?

Hablamos de vigilancia masiva por las características del sistema.

Buscar “sospechosos” en el sistema de transporte masivo de Bogotá, es el clásico problema de buscar una aguja en un pajar. Hay varias formas para hacerlo. Esta en particular era revisar una a una todas las pajas hasta identificar la aguja y generar una alerta para capturarla. Pero, de paso, como se están revisando todas las pajas, si hay alguna paja que parece aguja, se pone también en observación. En este sistema toda paja es considerada una posible aguja hasta que se pruebe lo contrario.

Es un sistema de vigilancia porque el simple hecho de aparecer en la cámara, nos hace presuntos sospechosos, nuestra información se procesa sin excepción para comprobar si corresponde a alguno de los patrones que se están buscando.

Eso quiere decir que el problema fue que las autoridades no diseñaron bien el sistema, si hubieran pensado mejor en las partes sería un gran desarrollo tecnológico para la ciudad, ¿verdad?

No exactamente.

Sí, el sistema de cámaras biométricas tenía retos tecnológicos, pero esos se arreglaron, los problemas al final no fueron técnicos.

Ni la seguridad ni el desarrollo tecnológico se pueden medir por cuántas cámaras se instalan. Las cámaras no garantizan la seguridad de los ciudadanos, pero son muy efectivas al momento de discriminar, hacer cacerías de brujas, satisfacer el morbo de los noticieros o justificar inversiones millonarias sin muchas preguntas.

Un sistema en el que todos somos sospechosos y todos estamos vigilados afecta considerablemente nuestra intimidad y, en el fondo, aunque se vea bonito quizás no sea tan buena idea.

¿Qué pasa hoy con todos esos equipos? Si no se usan para buscar rostros de “personas sospechosas”, en todo caso ¿están funcionando?

No sabemos. En los últimos años se han instalado miles de cámaras en Bogotá, pero de las cámaras biométricas que habían instalado no se ha dicho nada en concreto, no hay rastro público de lo sucedido.

Si están funcionando, deberíamos preguntar qué están buscando y cómo salvaron el problema legal de manejar información biométrica sin el consentimiento expreso de las millones de personas que diariamente usan transmilenio en Bogotá y cuyo rostro eventualmente sería capturado por el sistema.

Si el sistema se usa para recolectar información de personas que transitan en las estaciones, ¿a dónde van a parar los datos?, ¿están todavía en prueba?

No lo sabemos. La información pública que se conoce es escasa y se quedó en las promesas. Si queremos saber qué pasó, la única forma será preguntar a las autoridades y esperar que den la cara.

¿Y hay planes de implementar algo así en otros lugares?

Sí, aunque con algunas diferencias. Hay proyectos para usar identificación biométrica en los estadios del país. La investigación trae un aparte sobre ese caso. Posiblemente existan otros proyectos de los que no sabemos nada.

¿Cuánto dinero cuesta hacer algo así?, ¿por ejemplo, ¿cuánto se desperdició en el sistema de cámaras biométricas para Transmilenio?

Este proyecto costó cerca de 12 mil millones de pesos, unos 4 millones de dólares. Eso sin considerar lo que necesitaría para seguir funcionando. Pagar la conectividad, las personas encargadas del sistema, el mantenimiento de los equipos, etc.

Conoce el informe Cámaras inDiscretas, análisis del fallido sistema de videovigilancia inteligente para Transmilenio.

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