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“De la manzana a la galaxia”

Algunas reflexiones sobre el taller que lleva este nombre y
que se realizó hace unos días, por primera vez, en el Banco de la República en Cali.

Por María Juliana Soto
Colaboradora

“De la manzana a la galaxia” fue un nombre chistoso que surgió en una conversación, mientras pensaba cómo bautizar la propuesta que le presentaría al área cultural del Banco de la República en Cali para incorporar el tema digital en una serie de talleres que venían desarrollando en torno a la lectura, especialmente a los libros informativos. Se trataba de una metáfora que nadie entendió, pero lo importante es que la propuesta fue aceptada y el taller se programó para el sábado 12 de Mayo.

Para ser sinceros, minutos antes de empezar la jornada escuché que alguien hablaba sobre su interés por el espacio y las supernovas. Más de uno debió llegar ávido de mis conocimientos en astrofísica. De verdad lamento la divertida confusión -conste que el subtítulo rezaba “ideas para pensar nuevas prácticas educativas”, pero mi interés era hablar de la relación comunicación-educación y de las dinámicas que en ese sentido propone la cultura libre. Hablar con los maestros y demás interesados que se acercaran ese sábado y así sucedió.

Tuvimos tiempo para revisar el concepto de escuela, pensando en lo que propone William Ospina en “La lámpara maravillosa” como un lugar al que deberíamos ir “no tanto a recibir conocimiento, como a aprender a compartir la vida con otros” y en que la educación que recibimos en esas escuelas “más que un recurso para el trabajo, debe permitirnos la valoración de nosotros mismos”, debe darnos las herramientas para que encontremos nuestro lugar en el mundo y seamos felices en él.

Mi idea, desde luego, no era enseñarle a los participantes el uso de herramientas tecnológicas, no sólo porque no está dentro de mis competencias, sino porque además creo que antes de pensar en la implementación de herramientas habría que preguntarse por el contexto en el que se encuentra la educación. Pensar que también deben entrar en la discusión sobre tecnologías, nuevos medios y recursos educativos temas como el  rechazo que suscitó en la comunidad estudiantil colombiana la reforma a la ley 30, o analizar las manifestaciones de los estudiantes chilenos desde 2011 e incluso preguntarse por el incierto panorama laboral en el que nos encontramos miles de jóvenes profesionales, que somos fruto de este sistema de educación que ha sido formulado en una lógica de competencia deportiva, en la que alcanzamos logros, hacemos carreras y ganan unos cuantos.

Reflexionamos además sobre lo que significa hoy ser lectores, espectadores, creadores e internautas o hablar de redes y convergencia digital a la luz de William Ospina y de otros autores como Néstor García Canclini, Estanislao Zuleta y Ken Robinson, lo cual permitió que los participantes plantearan en el ejercicio práctico* de la jornada, las necesidades de sus comunidades educativas y las suyas propias, y que además se aventuraran a imaginar actividades en las que el diálogo entre lo digital y lo análogo generara nuevas dinámicas, inquietudes y conexiones interesantes en el aula o en la biblioteca.

Este primer momento fue muy importante para poder dar paso al tema de las licencias y las formas de circulación del conocimiento que propone la Cultura Libre. Hablamos, por ejemplo, de la reforma a la ley de derecho de autor en Colombia, de las diferencias entre Creative Commons y las sociedades de gestión (he notado que no es tan claro para muchas personas), de cómo las personas están generando conocimiento en espacios como Lo doy porque quiero, en Medellín o El Festival del Trueque por el Trabajo Libre, en Cali. Surgieron muchas preguntas y lo más importante es que ni una insistente alarma de simulacro que se disparó en el banco, ni el pesado sueño de las 2 de la tarde, nos detuvieron.

Espero que la jornada haya resultado tan enriquecedora para los participantes como lo fue para mí, así que aprovecho para agradecerle a Silvia Valencia del Área Cultural por la invitación, a Carolina Botero de la Fundación Karisma por el apoyo con la formulación de la propuesta, a los participantes y a los que llegaron buscando el cometa Halley y se quedaron hasta el final.

Las presentaciones de la jornada están disponibles aquí y aquí.

*consistía en un juego de fichas, inspirado en “Jugar con Derecho de Autor y No Morir en el Intento” de mi querida Maritza Sánchez, que contenían la imagen de diversas herramientas tecnológicas, por ejemplo, el editor de videos de youtube, el creador de libros de wikipedia, las preguntas de facebook, etc. El objetivo era plantear un ejercicio, una actividad o un proyecto en el que se integraran esta herramientas teniendo en cuenta el contexto en el que se desarrollaría.

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